Infraestructura para Vehículos Eléctricos: Cuando las Estaciones de Carga no lo son todo

Infraestructura para Vehículos Eléctricos: Cuando las Estaciones de Carga no lo son todo

Por el Ing. Pablo Benveniste de la consultora “Approvers”.
Especialista en homologaciones y consultor.
Contacto: sitio web: Approvers y mail: pablo@approvers.com.ar.

Todo sistema mecánico que base su funcionamiento en un movimiento de rotación, es proclive a vincularse a un motor eléctrico. De hecho, esta asociación ocurre con incontables dispositivos que utilizamos en nuestras vidas cotidianas. Estamos rodeados de motores eléctricos que, aunque de diversos tamaños, potencias y tecnologías, están todos basados en un mismo principio de repulsión magnética. Incluso, nuestros vehículos a combustión interna cuentan con ellos para funciones clave como enfriar radiadores, ventilar habitáculos o recurriendo al uso de bobinados para la generación de energía eléctrica.

Contrariamente a lo que este artículo pretendía originalmente, que era abordar la temática desde lo técnico, las líneas que siguen a continuación, se basan en interrogantes cuyos desarrollos finalmente decantaron por perspectivas no tan directamente relacionadas al tráfico (no tan reglamentado) de electrones…

Quisiera comenzar por cuestionamientos recurrentes y por qué no algo contradictorios, que se me presentan con frecuencia respecto de la actualidad argentina:

¿Podemos temerle al progreso de una tecnología con la cual convivimos desde siempre? ¿En qué medida, recurrir a motores eléctricos lo suficientemente potentes como para movilizar nuestros medios de transporte puede ciertamente implicar un riesgo?

Un breve recorrido por la web, nos podrá evidenciar rápidamente que los primeros autos eléctricos se concibieron bastante antes del legendario Motorwagen de Carl Benz. ¿Puede ser que casi 200 años después, lo que hoy llamamos electromovilidad, siga generando tanto tabú?

De hecho, la electricidad nos lleva y nos trae de forma permanente desde hace décadas a través de trenes (tanto eléctricos como con locomotoras diésel que, en realidad, usan combustible para generar energía eléctrica), generando miles de kilowatts de potencia para mover unas cuantas toneladas más de lo que podría pesar un vehículo familiar.

Pues bien, descartando circunstancialmente las numerosas alternativas de micromovilidad ¿por qué entonces la electromovilidad aplicada a vehículos de pasajeros no termina de consolidarse localmente?

Es cierto que no podemos ignorar la coyuntura económica actual, tan recesiva y particular de nuestro querido país y que afecta a todo el mercado. Sin embargo, países hermanos de la región, desde hace años vienen ofreciendo opciones que hoy ya llegan a diversas gamas de accesibilidad. Puedo fácilmente tomarme un taxi eléctrico en Montevideo, pero en Buenos Aires sólo con mucha suerte me podré cruzar con algún Nissan Leaf (el eléctrico de la categoría M1 más numeroso hoy en nuestros pagos).

Daría la impresión que determinados preconceptos ni siquiera permiten a los representantes de muchas de las marcas, llegar a plantear siguiera un business case. Resuenan permanentemente planteos tales como “¿y cómo carga un cliente? Ni hablar si vive en un edificio”, “¿pero se puede llegar a Mar del Plata?”, “hay mucha electricidad y por lo tanto peligro de electrocución”, “Argentina tiene distancias muy largas”, “¿qué hago con las baterías?” y otros tantos…

La primera buena noticia es que, a esta altura del partido, algo es seguro: no vamos a inventar la rueda. Hoy la electromovilidad se presenta a través de un abanico de configuraciones posibles y emplea baterías que se encuentran varias generaciones adelantadas. No sólo equipa vehículos Premium o experimentales sino modelos cada vez más accesibles. Sin lugar a dudas, el aspecto “producto” es realmente conocido, dominado y es, fundamentalmente, seguro. Similar situación se presenta con los dispositivos de carga respecto de su robustez, tecnología y seguridad. Incluso en Argentina la oferta de estos es sumamente rica y variada. Estos son hechos y, por cierto, no tiene objeto extenderse al respecto.

Adelantándome a lo que viene, cualquier duda al respecto, se disipa con información y capacitación.

La “otra” infraestructura:

Miremos puertas adentro. Lo primero que aparece entonces es el ya gastado término “infraestructura”. Pero ¿cuál es su verdadero significado en el mundo de la electromovilidad?

Por supuesto que implica todo lo referente a redes de carga y preparación del servicio. El asunto es que justamente debería ir algo más allá que eso. Existe un temor generalizado que suele surgir de la ignorancia. El conocimiento que la combate, se convierte a su vez también en un pilar estructural.

Acceder a información nunca estuvo tan al alcance. Hoy en día casi que viene sola hacia nosotros. Ni hablar que la electromovilidad es una tendencia mundial y cuenta con una biblioteca infinita. No obstante, en nuestro mercado este rompecabezas no termina de armarse. Datos fundamentales respecto a productos, cargadores, legislaciones, novedades, precios, etc. se encuentran fraccionados y dispersos (por lo general en ámbitos muy especializados). Peor aún, irónicamente parece reinar una “desconexión” entre los responsables detrás de estas cuestiones. Sin una estructura sólida, conformada por una red que los atraviese, me cuesta pensar en la inversión y evolución de otro tipo de redes más tecnológicas.

Es destacable el esfuerzo de Cámaras, Asociaciones, eventos comerciales y autoridades públicas. Ojalá se los pudiera potenciar, generando constancia y achicando grietas. Todos somos conscientes que el país afronta frentes extremadamente turbulentos, pero la experiencia indica que la persistencia y la unidad siempre han rendido sus frutos aún en la mayor de las arideces.

La infraestructura de carga se sigue desarrollando. Progresivamente, asoman nuevos cargadores rápidos. Por su parte, proveedores de equipos de carga lenta, van expandiendo sus instalaciones estratégicamente (a propósito, recomiendo la app PlugShare que evidencia estos avances). Aun así, al final del día, lamentablemente hay más prensa y convenios que utilización, en un escenario de políticas de sustentabilidad mucho más municipalizado que federal.

Demos vuelta la moneda. Por el lado de la demanda, consideremos que más del 90% del parque automotor electrificado (que de por sí es una ínfima parte del total), es híbrido no enchufable. Los muy pocos híbridos enchufables no requieren esencialmente de carga transitoria y además cargan lento. Esto deja sólo a un puñado de unidades full eléctricas como los verdaderos usuarios (verdaderamente necesitados) de puestos de carga ocasión o de estaciones de servicio equipadas.

¿Quién puede entonces patear el tablero de este interminable juego del huevo o la gallina? Pues el excelentísimo y principal accionista del negocio: el cliente.

Me gustaría un día encontrar en el diario una encuesta acerca de qué sabe la gente de los autos eléctricos. Escucho casi exclusivamente “no pagan patente” (ignorando incluso que esto es, increíblemente, relativo a donde esté radicada la unidad). ¿Hay demanda real de vehículos electrificados?

No lo creo y, si bien, claro está que no estamos hablando de los productos más accesibles del mercado (más aún sin un marco oficial concreto de fomento), bien podemos ver que las tristes cifras de patentamientos, no sólo se componen de los modelos más económicos disponibles.

El networking entre todos los actores es clave comercialmente, pero de nada sirve sin foco en la concientización y la divulgación. Estas no terminan en legislaciones, acuerdos, prensa o publicidad. El consecuente efecto cascada del conocimiento debe llegar a cada asesor de ventas o servicios de un concesionario, responsables primarios del vínculo con potenciales clientes, generándoles esa tan necesaria inquietud. De otro modo, nos sentaremos a esperar que algún día lejano, un utópico beneficio comercial irresistible llegue para hacer el trabajo por nosotros

La electromovilidad se caracteriza por generar un torque inicial casi ideal. Ojalá este mismo fenómeno pueda trasladarse a las ruedas del mercado. Estoy convencido que, una vez lograda cierta inercia, se ira generando un circulo virtuoso más abarcativo y armonioso. Hay conocimiento, hay iniciativa, hay equipos, hay interés. Estos son los preciados cables (que como todo conductor deben presentar continuidad) de la otra infraestructura. La cual por la que circula esa energía tan importante y vital como los mismos electrones y cuya potencia, en vez de medirse en kW, es llamada “demanda”.

2 comentarios en «Infraestructura para Vehículos Eléctricos: Cuando las Estaciones de Carga no lo son todo»

  1. Creo que es injusto medir el «éxito» de los EVs en Argentina en base al patentamiento de unidades. Los que estamos en el sector sabemos que hay mucha más demanda y lo que faltan son vehículos disponibles a la venta.
    Por otra parte, si tenés un eléctrico en Argentina te recomiendo usar EV Jungle http://www.jungle.com , que tiene muchos más puntos de carga mapeados y verificados que las otras aplicaciones.
    Pasate a eléctrico hoy mismo!!

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